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¿Cómo actuamos frente al riesgo?

Lo primero es reconocer el riesgo, es decir, saber que existe y que es posible que ocurra. Si no se identifica, difícilmente se van a poder tomar las medidas adecuadas para su tratamiento. 

A continuación, se evalúa su importancia, analizando su probabilidad de aparición y sus consecuencias. En este análisis influye la información que posee cada persona: no es lo mismo conocer a ciencia cierta los límites y características de una situación, que simplemente conocer que existe. También intervienen muchos otros factores: desde la cultura o el estado de ánimo hasta el modo de vida o las creencias de cada persona. 

El último paso consiste en seleccionar la mejor respuesta entre las diferentes alternativas. Cada individuo busca esa respuesta ideal, adaptándola a sus recursos, y actúa en consecuencia con el fin de obtener la seguridad que considere suficiente. 

La mayoría de las personas tienden a protegerse, sólo un pequeño porcentaje de la población es propensa a "correr riesgos", a exponerse a ellos con facilidad a cambio de un mayor beneficio o satisfacción personal. 

En virtud de cómo sea el individuo, de cuál sea su posición frente al riesgo y de su grado de información, toma unas medidas u otras para tratar de eliminar o reducir las consecuencias de los riesgos.

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