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¿Conviene vender tus inversiones para pagar las deudas?

¿Conviene vender tus inversiones para pagar las deudas?

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11.Sep.2023

Da igual si es deuda buena o deuda mala, de la hipoteca o de la tarjeta de crédito, con la deuda siempre llega un momento en el que escuece y surge la pregunta: ¿Cómo puedo quitármela de encima? ¿Vendo mis inversiones para pagar la deuda?
Lo cierto es que no hay una respuesta universal válida para todo el mundo. La solución óptima dependerá del tipo de deuda por un lado y de tu perfil inversor por otro, que marcará en cierta medida las ganancias que puedes lograr con tus inversiones.

Ganancia segura frente a beneficio potencial

Para saber si conviene pagar la deuda o invertir, lo primero es tener claro cómo funciona cada una de ellas y qué se consigue en cada caso.

Adelantar el pago de la deuda es una ganancia segura. Pase lo que pase te habrás ahorrado los intereses del préstamo de turno. Si, además, se trata de una hipoteca a tipo variable, el beneficio puede ser mayor si prevés que los tipos de interés van a mantenerse altos o van a subir.

En el caso de la inversión nunca se puede hablar de un beneficio asegurado. Salvo inversiones muy conservadoras como los depósitos, Letras del Tesoro o cuentas remuneradas, toda inversión implica algún tipo de riesgo.

La traducción práctica es que con las inversiones hay que hablar siempre de ganancias potenciales y nunca de beneficio asegurado, como ocurre con el pago de la deuda.

La diferencia es que la rentabilidad del pago de la deuda es limitada y normalmente menor, mientras que con la inversión los beneficios pueden ser más elevados, sobre todo si es una inversión a largo plazo que aprovecha el interés compuesto. Ese sería el coste de oportunidad de pagar la deuda frente a invertir.

Cómo tomar tu decisión: deuda o inversión

La fórmula más simple para decidir entre inversión o deuda es mirar el tipo de interés de cada una.

En otras palabras, qué tipo de interés pagas por la deuda y cuántos intereses puedes conseguir mediante la inversión. De las dos, escoge la que sea más elevada. Es decir, si el tipo de interés que pagas por la deuda es mayor que la rentabilidad que puedes obtener por tu inversión, reduce deudas. En caso contrario, invierte.

Por ejemplo, si tienes una deuda de tarjeta de crédito con un interés del 20%, difícilmente vas a conseguir una inversión que te genere ese retorno. Por el contrario, el 3% de tu hipoteca o el 7% de tu préstamo personal sí son objetivos razonables.

Esta es la regla de oro y la estrategia más simple para decidir entre pagar tus deudas o invertir.

A partir de aquí, se puede afinar la decisión teniendo en cuenta otras cuestiones en función del tipo de deuda o la estrategia de inversión.

Para que lo entiendas mejor, no es lo mismo un crédito o un préstamo que una hipoteca. En el caso del préstamo hipotecario el ahorro total dependerá no solo del tipo de interés. También influyen otros factores como el tiempo que tenga la hipoteca (amortizar en los primeros años es más rentable) o de si decides amortizar cuota para pagar menos cada mes o plazo para quitarte años de hipoteca (la segunda es más rentable, pero menos flexible).

¿Y si ya inviertes? ¿Conviene vender?

La pregunta que se plantea normalmente es si usas tus ahorros para invertir o para pagar la deuda. ¿Qué pasa con quienes ya invierten y esos ahorros son sus inversiones? En ese caso el enfoque varía ligeramente.

Para empezar, hay que tener en cuenta los impuestos que vas a pagar por ese dinero. Aunque el porcentaje varía según el tipo de inversión, lo normal es que Hacienda reclame entre un 19% y un 28% de los beneficios dependiendo de la cuantía (si es menos de 6.000 euros será un 19%).

Existen fórmulas para reducir este impacto, como por ejemplo aprovechar la posibilidad de compensar pérdidas y ganancias en la renta. Por ejemplo, si has tenido pérdidas con una inversión, puedes vender una inversión que esté en positivo de forma que las pérdidas se resten a los beneficios al hacer la renta y así evites pagar impuestos.

A modo de ejemplo, si has perdido 1.000 euros con las acciones A y vas ganando 4.000 euros con las acciones B, puedes vender una parte de esas acciones hasta generar esos 1.000 euros de beneficio. De esta formal, al hacer la renta, las pérdidas se restan de las ganancias y será como si no hubieses tenido beneficios, por lo que no pagarás impuestos.

Además, también hay que valorar el coste de oportunidad de abandonar el mercado y la parte psicológica. Es decir, si después de vender tus inversiones para pagar la deuda vas a volver a invertir o no. Si sabes que te costará volver a hacerlo, conviene pensárselo dos veces.

También desde un punto de vista psicológico, habría que valorar el peso de deuda sobre tu tranquilidad mental y financiera. Si es algo que no te deja dormir, seguramente terminar con ellas sea la mejor solución.

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